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Futuro

05
Jun
2015

 

GreenPeace, el movimiento ecologista por antonomasia, nació en 1971 cuando un grupo de activistas antinucleares estadounidenses formaron una pequeña organización para tratar de evitar que los Estados Unidos llevara a cabo una segunda prueba nuclear en el archipiélago de las Aleutianas, al norte de Canadá.
Para llevar a cabo su protesta el comité organizó un viaje en barco, capitaneado por su dueño, John Cormack. El barco fue interceptado antes de llegar a la zona, con lo cual la prueba nuclear no pudo ser impedida, sin embargo esta acción provocó que durante días se produjeran manifestaciones en la frontera entre Canadá y Estados Unidos y, finalmente, este país se viera forzado a anunciar que aquella era la última prueba nuclear que se realizaba en las islas Aleutianas que, desde entonces, son una reserva ornitológica.

A cada acción, una reacción. Así funciona el mundo. Sin GreenPeace, sin sus lanchas cruzadas entre ballena y ballenero, sin el Rainbow Warrior, sin las sentadas ante las nucleares, sin sus campañas, una serie de acciones diarias que hoy tomamos por lógicas y habituales no existirían.

En los años 70, la mayoría de vehículos en España circulaban con combustibles cuyo contenido en plomo era brutal. Clair Patterson. Este científico, que dedico gran parte de su vida a determinar con exactitud la edad de la tierra es el responsable directo de que las petroleras, hoy, no usen el plomo como aditivo en la gasolina y el gasoleo. Hasta su estudio, que ofrecía datos dramáticos sobre como la aparición de los combustibles derivados del petróleo habían provocado un aumento colosal de los niveles de plomo en el planeta (en la tierra, el agua y el aire), nadie asumía que la civilización corría el peligro, atención, de sufrir enfermedades derivadas de la contaminación por plomo en un plazo tan corto como 30 años. Sin el fin de la gasolina con plomo hoy en día las enfermedades derivadas de esta intoxicación serían comunes.

Mi infancia me deja un vívido recuerdo de bolsas de basura en las aceras, a la espera de que un vehículo (normalmente un tractor con remolque abierto) las recogiese para quemarlas en un vertedero al aire libre. Un incendio que se hizo perpetuo hasta su clausura, ya en el siglo XXI. Esto pasó en los ochenta y noventa en la Galicia rural, y en toda España, en innumerables lugares. No existían ni la recogida selectiva ni el reciclaje. Ni siquiera el mas básico. 

La sociedad decidió, por pura lógica, que reutilizar y reconvertir determinadas sustancias cuya producción es costosa, económica o medio ambientalmente, era mejor que insistir en el abuso a las materias primas y al ecosistema. El cristal, el plástico, los metales, el papel. Reutilizar y reciclar, hoy, es norma, aunque hace solo 20 años ni se imaginaban.

Igualmente para las bolsas de plástico, el autentico cáncer para nuestros mares en este siglo. Islas del tamaño de la provincia de Pontevedra flotan a la deriva. Las corrientes marinas nos delatan, delatan nuestra desfachatez y nuestra comodidad como sociedad.

El uso del clembuterol está prohibido en la Unión Europea para alimentación animal por sus posibles riesgos en la salud humana. Se trata de una sustancia con efecto hormonal que se administraba al ganado para que acumulase agua y, así, ganase peso. El peso, en la carne, son kilos y por lo tanto dinero, pero el efecto en las personas provoca efectos indeseables como palpitaciones, incremento en la presión arterial, efectos sobre el metabolismo como el incremento de la temperatura corporal y manifestaciones neurológicas como nerviosismo, inquietud, sudoración, temblor, boca seca, visión borrosa, calambres ademas de otros efectos secundarios a largo plazo.



Es una mas de las consecuencias de una sociedad dispuesta a atajar los desmanes de la industria cuando no se regulan sus acciones de modo responsable. Y todo esto nunca habría pasado sin Greenpeace, sin esta y otras entidades mas sectoriales, de defensa del consumidor o de defensa de la vida en la tierra, dedicadas a hacer entender a una sociedad lenta y abotargada que permanecer aquí, en esta tierra, es solo responsabilidad nuestra. Solo nuestra.

La pregunta es; Si todo esto es así, si reciclamos mas que nadie en Europa, si no admitimos el uso de gasolina con plomo, o la quema de basura incontrolada, o el uso de determinadas sustancias para producir mas carne y mas productos, ¿por qué admitimos todas las barbaridades que se hacen al viñedo, a la propia viña y al vino?.

¿Por qué?. ¿Cual es la diferencia?. Pongamos por caso que en aras a lograr una carne mejor, a nivel mercantil, se hubiese autorizado el uso de clembuterol para el engorde de reses. En el mercado hallaríamos carne mas barata, engordada a base de clembuterol que ocasionaría, a medio y largo plazo, efectos secundarios a la salud de las personas. También habría, a un precio superior, carne de reses engordadas con piensos, si, pero sin clembuterol. Reses de agricultura ecológica, producidas en base a productos agrícolas y sin sustancias químicas añadidas, mas allá de las mínimas imprescindibles para la salud de los propios animales.

Sin embargo, como consumidores, en el mundo del vino permitimos.

Permitimos el ataque a la tierra y al producto. Permitimos el arranque masivo de cepas, el uso de pesticidas y herbicidas prohibidos en algunos países, permitimos que se añadan al vino aditivos de todo tipo, por el bien del vino o por el bien de sus productores, pero añadidas al fin y al cabo.

Permitimos que un producto de consumo humano, que se puede elaborar bajo criterios de sostenibilidad, responsabilidad medioambiental y compromiso se haga solo bajo premisas económicas o mercantilistas.

Es una pura cuestión de futuro. Se hacen vinos responsables, eficientes y sostenibles por compromiso con el futuro. Con el futuro de nuestros hijos e hijas, con su vida en una Tierra libre de sustancias que la intoxican, libre de productos químicos que la contaminan. Un lugar donde uno pueda fiarse de que lo que come y bebe no contiene ninguna sustancia que, mas tarde o mas pronto, provoque algún cambio o efecto en nuestro cuerpo o a nuestra salud.

No es cuestión de ser mejor o peor, de buenos o malos. No se trata de quien logra que su producto sea el mas rico, de qué sabe mejor o de quien tiene la etiqueta mas bonita. Es una pura cuestión de compromiso personal. Compromiso con el futuro.

El vino verdadero es futuro y compromiso. Futuro sostenible y responsable.

En el Día Mundial del Medio Ambiente declaramos: el vino de verdad lo haces tu. No es mas guapo, no es mas feo, ni mas popular ni menos. No es mas alto ni mas bajo, ni mas rico ni mas pobre.

Es, simplemente, vino verdadero.    



 
 
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