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Imagina

por Antonio Portela. Tags:

30
Jun
2015

Buscamos la Emoción, si, no la perfección.


Para la emoción sobra la frialdad y los escaparates convenientemente decorados a la manera de los estudios de mercado y del diseño pret a porter. Las analíticas son para los enfermos, para formatear como mandan las normas. Donde se sienten en su salsa los espíritus de bata blanca.
Pensar que el avance tecnológico en la vinificación de los vinos supuso necesariamente el aumento del placer es el mantra de la ortodoxia.


Las justificaciones que adornan la defensa a ultranza del progreso infinito en la intervención enológica son la promesa del vacio, de la asepsia. El control absoluto del ser vínico, desde la misma cepa, con la defensa incluida de la creación de variedades resistentes a las dolencias, es el deseo de imitar a los Dioses. Antes de la revolución imperaba la creencia de que serían los dogmas de las enológicas escrituras los que llevarían al vino a la tierra prometida, o a las copas el vino prometido. Tenemos una sensibilidad a prueba de etiquetas y prejuicios, y de supersticiones investidas de verdades absolutas.

Alguien se cree todavía... pero sobre todo... sirven para algo los adjetivos grandilocuentes sobre ferias, salones, revistas, pasquines, vinos, o sobre uno mismo, que solemos utilizar? milongas con la sucesión de manidas frases hechas, incrustradas de lugares comunes que tenemos escuchado y leido mil veces, empleadas incluso para historias contrapuestas, desplegando descripciones que no se corresponden con la realidad.

Frente a la sencillez todo se disfraza, se adorna y novela.

Vivo en un país donde se pone el sol... desde las terriñas del poniente, y como seguidor del manifiesto “Máis Alá” del bardo Manuel Antonio, el latido (o latexo) que vibra en nosotros (Nos) empuja siempre a ir más lejos (máis alá)



Pero conociendo quién somos y que no. Lo que se cura viajando es la globalización y la uniformización. El vino (y los pueblos) forma parte de la diversidad cultural del planeta. Viajando tomas conciencia de lo que eres, no de lo que te contaron que eras y establecieron coma norma.

Fuimos quien de otear el horizonte, de interpretar los micro movimientos que asomaban entre la inercia establecida, de dibujar lo que podría ser, de visualizar donde dirijirnos, cuando otros dormían en la plácida adoración de los totems oficiales.

Es fácil desde la perspectiva actual, gracias a las redes sociales y a la existencia in crescente de locales donde beber vinos diversos y a los protagonistas del devenir, describir el presente que llena las copas. Ahora es sencillo ser gamberro o canalla, cambiar de look y de pose para la foto, escribir alternativo o irreverente o unirse a la radicalidad desde el púlpito del establishment.

Pero no fue fácil el camino transitado, el esfuerzo se refleja en el rostro y en las manos de los viticultores que, aunque no remataron su labor todavía, ya son parte de la historia de nuestro vino de verdad.

A nosotros nos queda describir con palabras esta historia que ellos forjaron. En Galicia estamos acercándonos a las últimas fases de la transición revolucionaria del vino... podríamos cantar loas y vanagloriarnos de lo conseguido, pero somos buscadores de máis alá.

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