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Ego

por José Luis Louzán. Tags:

21
Jul
2015



"En algún momento (...) hemos convertido a un puñado de artesanos, artistas, hacedores de vinos (...) en una manta de gilipollas de medio pelo"

Al hilo de las novedades en los últimos días, me ha dado por reflexionar sobre el ego del artista en el mundo del vino. Y me he llevado un pequeño disgusto.

Es probable que esto que voy a decir no me granjee la amistad del colectivo elaborador, que no les siente bien a algunos vaya. Pero también es probable que consiga, quizá (esto es presuntuoso a mas no poder) evitar un par de desastres, tanto económicos como para el ego de alguno/a.

Y es que por razones que me son ajenas, en la última década, sin que sepa muy bien ni como ni porqué, hemos logrado convertir a buenas personas en gilipollas profundos. Así, directamente. Insisto que no se cómo, pero puedo conjeturar y eso voy a hacer hoy.

Al usar el término “gilipollas” lo hago desde la definición ofrecida por la RAE que habla de un adjetivo de la lengua vulgar y que lo identifica como “Estúpido. Lelo”. Pues eso, tal cual. Un gilipollas.

En algún momento de los últimos 5 años hemos convertido a un puñado (de momento pequeño) de artesanos, artistas, hacedores de vinos especiales y diferentes en una manta de gilipollas de medio pelo, pagados de si mismos, de carácter insufrible, idiotas egoístas, presuntuosos y desconfiados que, para mas inri, creen que son alguien. Alguien de verdad, un personaje. Alguien al nivel, yo que se, de una persona que descubre una cura para el cáncer. Alguien así de especial.

Y esto ha pasado por nuestra culpa, ojo. Por culpa del colectivo “friki” en el mundo del vino, de los que, por peloteo o por simple devoción, hemos dicho a quien ha querido oírnos que había un grupo de tipos que hacían cosas extraordinarias cuando, en realidad, no era así. No es extraordinario hacer un gran vino, no. Es peculiar, es raro, es difícil de ver o escaso. Pero de extraordinario, perdonadme, no tiene nada de nada. Ni lo mas mínimo. Y, por arte del lenguaje, de la humanidad de las personas o de no se que cosa, hemos hecho que gente realmente especial, en un momento dado, se hayan vuelto gilipollas. Sin paracaídas.

Antes de que alguno lo piense, os diré que esta reflexión no parte de ninguna comportamiento en particular para conmigo o para con mis actividades. No digo esto ni por despecho ni por rencor hacia nada ni nadie. Lo digo, de hecho, por amor.



Digo que mas de uno debería revisar si los vinos que sigue vendiendo a 25, 30 o mas euros siguen valiendo eso que dice que valen. Digo esto que estoy diciendo porque tengo pruebas claras y contrastadas de que hay personas que creen, con sinceridad, que son la “quintaesencia” de la revolución del vino….y no lo son.No lo son.

En alguna ocasión tengo hablado del doctor Marat, personaje protagonista en los acontecimientos que se dan en llamar Revolución francesa. En 1793 los girondinos acusaron a Marat de, por su actividad como abogado y escritor, ser ya parte del “establishment” que era por aquel entonces juzgado y guillotinado (o simplemente guillotinado). Le acusaban de ser “parte de”. En eso se ha convertido mas de uno. En parte del problema.

Hace unas semanas elmundovino.com publicaba una cata que es, por si misma, uno de los actos simbólicos mas duros de los últimos diez años. No creo que ninguno de los catadores del medio en cuestión puntuase como lo hizo por este motivo, pero la realidad es que los motivos, reales o ficticios, directos o indirectos, humanos o técnicos, que llevaron a dar puntuaciones tan minúsculas a albariños hasta hace nada encumbrados como infalibles y “top”, sean los que fueran, han devenido en que hablemos, yo al menos, del porqué. De qué lleva a alguien a decir, el uno de julio de 2014, que un vino merece 15 puntos pero que el veinticuatro de Junio de 2015 a ese vino se le caigan 2 puntos. Evolución, supongo. A peor, claro.



Antón Ego

Ni quito ni doy razones. Digo, solo, que algo ha tenido que pasar, en la botella o fuera de ella, o en los lugares, o en las personas, o en nada de lo anterior, para que lo que era un seguro pase a ser un vino al nivel de los de la cooperativa. Al menos en puntuaciones.

En la misma linea, supongo, me siento yo para con dos elaboradores concretos. Dos en los que creo, mucho, pero que por razones que no soy capaz de definir (supongo que por mi propia ignorancia) cada vez me gustan menos. Esto, además, sin que medie una relación cercana con esos dos viticultores concretos, a los que conozco pero que no he tratado nunca en sociedad. El uno en Ribeiro y el otro en Rías Baixas, cada vez me trasladan menos cosas con sus obras. Sobre todo con las mas recientes. No digo que no me gusten, ojo. Digo que no me dicen nada mas que otros doce vinos de similar factura y origen. Han pasado de ser especiales a ser comunes. De ser referencias a ser prescindibles.

Y es una pena.

Me dicen personas en las que acredito veracidad que de “A Emoción dos Viños” salen convencidos de que hay una relación de viticultores que han, por desgracia, demostrado una tendencia alarmante al endiosamiento. Que se creen únicos e imprescindibles, dos cosas difíciles de alcanzar en la vida ordinaria y mas aún en algo tan prolífico como la elaboración de vino. Personas que han pasado sin transición alguna de ser individuos a ser instituciones. Y, perdonadme, yo instituciones en Galicia conozco pocas….y todas están muertas.

¿Es todo esto el resultado directo de haber sido blandos al hablar de los defectos o de los aciertos a medias de alguno de los vinos de estos personajes?. Temo que si. Temo que al decir que había personas que iban un paso por delante, alguno de ellos/as ha decidido que, quizá, era buena idea correr aun mas y, tal vez, lograr así una ventaja sobre el resto que fuese definitiva. Un plus de personalidad, para entendernos. Porque no hablo de carácter, no. No hablo de ser una personalidad por tu actitud, por tu comportamiento o a modo de escudo ante lo duro de la exhibición publica de tus acciones. Para nada.

Hablo de ir por la vida como si los demás te debiesen algo. Hablo de criticar porque sí a quien no lo merece, a quien te facilita la vida y te ayuda a dar a conocer tu trabajo. Es probable que las críticas favorables, las menciones en tal o cual diario de referencia, en España y fuera de ella, las buenas ventas y la exportación masiva de sus vinos hayan hecho creer a algunos que no tienen ya porqué seguir siendo amables. Que ya no tienen porqué ser cuidadosos al tratar con las personas, al adquirir compromisos y cumplirlos. Que ya no tienen porqué ser tan accesible como antes. No accesibles a todo el mundo ni todo el tiempo, no. Hablo de ser algo mas que un “Anton Ego” cualquiera (quien no haya visto “Ratatouille” debería hacerlo ya mismo). Ser alguien mas, algo mas, que otro gilipollas con el que no se puede contar, que va de divo y que no llega a personaje. Que va de artista y no llega a peculiar.





"Es lógico que existan límites claros para todo, y también para el numero de horas que un viticultor puede dedicar a sus fans o a los medios de comunicación..(...) Pero, con decir que no suele ser suficiente"

No creo que haya una relación directa entre ser gilipollas y hacer mal vino. Pero si creo que hay una relación directísima entre que tu vino sea bueno pero nadie quiera hacer tratos contigo porque eres tonto. Tonto al nivel de no contar contigo para nada. Y esa es un puerta estupenda, me temo, para vender mucho mas, pero también, eso seguro, para vender peor. Hay una jungla de personajillos de medio pelo, “flying winemakers” de postal, elaboradores volantes o como rayos se llame ahora a ir haciendo vino sin ton ni son. Es un mercado lucrativo, es cierto, pero me temo que de cortos espacios y que, en mi opinión, ya está totalmente cubierto con los que actualmente lo explotan, con suerte dispar. Tal vez haya espacio para que otro “Dali” se concentre en hablar en serio con la prensa una de cada tres entrevistas, pero ignoro el numero de “Dalis” que el mercado puede permitirse al mismo tiempo. Uno es mi tope particular.

Así las cosas, es lógico que existan límites claros para todo, y también para el numero de horas que un viticultor puede dedicar a sus fans o a los medios de comunicación, festivales, salones y ferias a las que sea convocado. Y un presupuesto, lógicamente. Pero, con decir que no suele ser suficiente. No hace falta ser, además, gilipollas.

No es necesario ser grosero, o ser borde o simplemente no estar y no contestar a las llamadas de la organización. O, peor aún, quedar con alguien, acudir a la cata solicitada, que te ofrezcan un aforo de profesionales escogidísimos en una reunión privada, que des a catar tu vino y que, nada mas salir por la puerta, pongas a parir el lugar, los catadores y su trayectoria. Con no ir es suficiente. Creo yo.

A decir verdad, dudo mucho de que los que se están pasando al lado oscuro sepan que la fuerza ya no es tan clara en ellos. Me temo que el virus del cinismo ha hecho mella en sus organismos. Que a base de decirles que eran diferentes, especiales, distintos y que sus vinos eran la máxima representación de origen y autor los hemos malogrado. A riesgo de que me coman los animalistas, un rejón a tiempo quizá fuera bueno. Lo mejor que pudo nunca decirme nadie fue lo que me dijo hace unos meses una buena amiga. Es publicista y me lee desde la distancia. Hace unos seis meses se pasó por la casa de sus padres, cerca de la mía, y tomamos un vino. Desde el respeto que sé que me profesa y desde su infinita sabiduría de años escribiendo me dijo, textualmente; “Cariño, te lo tengo que decir. Escribes poco y mal. Muy mal”.

Sus razones no las voy a explicar, pero resumidamente, me dijo que necesitaba publicar mas, escribir mas, leer mas y dejarme de rodeos. Que mi estilo es mío, puede gustar o no, pero que a escribir se aprende y mejora escribiendo. Escribiendo y leyendo. Y que yo tal vez lea mucho (que si) pero que escribo poco y doy vueltas mucho rato sobre lo mismo.

“Mejoraré”, le dije. A lo mejor. Pero lo intento, eso seguro.



No creo que haya que ser Xurxo Alba todo el tiempo para no ser gilipollas. A Xurxo le podemos decir lo que nos de la gana porque va para santo y lo sabe. Y es muy difícil que se malogre, porque carece de ego. Es como es, buen tipo en general. No se queja nunca (eso tampoco es bueno, pero se puede afinar) y cree por definición que todo el mundo es bueno (otro error, este mas grave). Pero es listo y se las apaña solo. No creo que todo el mundo deba ser así, pero tengo claro que por mucho que le digamos que el “O Esteiro" es en tintos Rías Baixas de lo mejor en años y que el “O Pereiro" merece que le pongan un piso el no se lo va a tomar demasiado en serio. De hecho se avergüenza. No debe, pero lo hace. Porque sabe que acaba de empezar y que, a lo mejor, se trata de golpes de suerte o de añadas fáciles. Yo creo que no, que son aciertos de quien lee con claridad su viña y lo que le pide, pero el duda. Duda, porque es lo que debe hacer.

No creo que todo el mundo deba ser como el, pero si creo que muchos que se creen astros del vino deberían medir sus capacidades y el resultado último de esa supuesta maestría impostada.

No son mas que personas, ni siquiera personajes, y esa condición, la de persona, se pierde con facilidad. Uno pasa a ser industria tan rápido que, para cuando se da cuenta, su guerra ya no es “contra” sino “con” y los “frikis” ya no hablamos de sus vinos ni de sus viñas. Hablamos de otras viñas, de otros vinos, que nos son agradables al tacto, a la vista y al oído. El gusto ya, cada quien, tiene el suyo. Incluso uno distinto de un año para otro.

Para concluir, quiero hacer mención a una frase que a buen seguro solo media docena de los que lleguen tan abajo como para leer esto entenderá. Es de Horacio Cocles, personaje en el libro “Cantos de la antigua Roma” del británico Thomas Macaulay. El tal Horacio, en la mitología romana, defendía en solitario el puente que conducía a la ciudad de Roma contra los etruscos. En plena lucha, a la vista de lo inevitable de su derrota y ante las súplicas de sus soldados para que se rindiese, Horacio dice;

“¿Qué mejor manera de morir puede tener un hombre, que la de enfrentarse a su terrible destino, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?”

El ego no lo tiene quien quiere. Lo tiene quien puede.



 
 
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