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Apariencia



"En el juego de la apariencia, a la Comunidad Autónoma de Castilla-la Mancha se le fue la mano"


Hay negocios que son pura apariencia. Uno piensa en la moda y en que Karl Lagerfeld se vistiese a diario con vaqueros y camiseta de manga sisa y se le cae el glamour a los pies.

De igual modo la política es apariencia, y el mundo del vino, porqué no decirlo, también. La apariencia lo es todo en el vino. Es apariencia una bodega impoluta, casi un laboratorio, cuando todos sabemos lo que mancha una uva, el barro y la tierra o la pura actividad en un lugar destinado al agua y a un líquido semi viscoso y espeso (el mosto). Apariencia es la obligación de que los vinos se embotellen y parezcan transparentes los blancos y negro tizón los tintos, cuando todos sabemos que las uvas tienen mil colores y el vino es turbio en su aspecto original por naturaleza. Apariencia son las etiquetas, las botellas, las cajas…. cuando lo importante de verdad está en el interior.

En el juego de la apariencia, a la Comunidad Autónoma de Castilla-la Mancha se le fue la mano. La ínclita María Dolores de Cospedal consideró, a la vista de todo lo publicado y no desmentido, que era buena idea celebrar un evento de rango internacional a mayores de que en su mismo territorio tenga lugar, de modo bianual, la principal feria de vinos en volumen a nivel nacional (FENAVIN). Creyeron los antiguos dirigentes de esta región que era buena idea dedicar mas de 2 millones de euros a un evento del que tuvieron lugar 2 ediciones.

En la última, celebrada este mismo mes de Marzo, se incluyó un denominado “I Encuentro de Blogueros del Vino” del que he hablado ya en mi propio blog. Un primer encuentro que no verá una segunda edición, al menos integrada en la “Cumbre internacional” a la que no fue casi nadie pero que dejó un pufo millonario. Apariencia.

Aparenta la AEPEV que es un órgano al estilo de la Asociación de la Prensa Madrileña, que “me gusta cuando calla, porque está como ausente” que diría Neruda. Me explicaré.

Leo estos días en El Mundo que hay un vino que se vende a 17.000€ la botella y que se hace en Cuenca. Es un tinto a base de Cabernet Sauvignon y Merlot (o eso dicen) y dejando a un lado que pueda haber alguien dispuesto a pagar esa barbaridad por este vino, el hecho es que los medios tradicionales le dan “cancha”. Para hacer el vino su autor usa, anotad, ozonoterapia, piramidología, un tratado de viticultura del siglo XVI y el suelo de Las Pedroñeras, tierra de ajos hasta ahora pero que se convertirá en tierra de vinos ya mismo, a la vista de que son más caros que los Borgoñas y Burdeos más reconocidos. Y a nadie en el periódico le pareció raro. A nadie.



Otra. Leo en la web “envinando.com” que Burger King ha sacado un vino, el “Whopper Wine", para celebrar que lleva 40 años en España. En la citada noticia me llama especialmente la atención un párrafo, en el que dice textualmente que “”Burger King ha elaborado una edición limitada de un vino tinto (…) un vino madurado en barricas de madera que, previamente, han sido tratadas al calor del fuego de las parrillas de Burger King. Un procedimiento que hace que el caldo maride a la perfección con la hamburguesa insignia de la compañía”. Tócate los pies….

Y a nadie en la web le parece extraño que, donde se asan las hamburguesas, puedan colocar una barrica de, por lo menos, 225 litros, darle el “tostado” ese que marida tan bien y hacer después en ellas un vino que, por más que he buscado, no sé de que uvas está hecho, en donde (Valencia es muy grande) ni por quien.

Son dos, pero a la semana hay docenas como estas. Se escribe sobre vino con cierta profusión. Se escribe en la web y fuera de ella, en medios jóvenes, amateur o en grandes cabeceras. Pero, en casi todos los casos, sobre todo en los más populares y extendidos, se escribe muy mal. Mal y demostrando una enorme ignorancia. Y no hablo de elitismo, esnobismo o un trato intelectualoide de la información. Hablo de ignorar lo más básico sobre vino y, a pesar de ello, titular como “Vino milagro” algo que no deja de ser el producto de un señor que me trae a la memoria la “pulsera magnética” por ejemplo (con todos sus supuestos beneficios) o afirmar sin despeinarse que las barricas fueron tostadas, “al calor de las parrillas del Burger King”.


Yo no escribo sobre física cuántica. No escribo sobre muebles de nogal machihembrados ni sobre las propiedades del acero-carbono en la industria del cojinete. No escribo sobre determinadas cosas porque no se. Porque no tengo ni puta idea, no las uso, no las conozco, no se nada de ellas. Y creo que sería bueno para El Mundo, La Razón, El País o cualquier otro que desee escribir sobre algo que ese alguien sepa, al menos, que “es” ese algo. El vino no es caldo. No lo es, nunca lo será, así se empeñen los cuatro jinetes del Apocalipsis, la RAE o Frank de la jungla. El caldo precisa fuego para cocerse, demonios. El vino no. Eso que hace, el “fervere” del latín, si se traduce por hervir, pero lo hace por reacción química. No es caldo si no hay fuego… o incluso habiéndolo.





"No debería ser yo, ni nadie, quien dijese aquí o donde sea que está mal desinformar sobre un producto al consumidor"

La AEPEV, la patronal de la prensa del vino (eso dicen ellos, ya que se consideran La Asociación) y que es en realidad una empresa privada, como ya he explicado, tiene a pesar de los pesares una responsabilidad.
Al igual que las asociaciones profesionales de periodistas tienen, entre sus atribuciones, la de vigilar por el cumplimiento del código deontológico en caso de denuncia (aunque no lo parezca) la AEPEV debería dedicar sus esfuerzos a denunciar públicamente la existencia de innumerables medios que, disfrazados de supuestos diarios o web informativa, no son más que un mal contenedor de publireportajes, sin ninguna ética ni autocrítica.

No debería ser yo, ni nadie, quien dijese aquí o donde sea que está mal desinformar sobre un producto al consumidor, que está muy mal engañar ocultos tras una supuesta “labor informativa” y que está muy mal manipular en notas de prensa que nadie revisa y que se publican tal cual. No debería ser yo quien dijese que existen docenas de webs que dedican su tiempo a publicar las notas de prensa que DOs, bodegas y administración pública envían por doquier y que se “cuelgan” en la red tal cual, sin un mínimo escrutinio con ánimo inquisidor. La AEPEV, al igual que la Asociación de la Prensa de Madrid, están de adorno. O, como es evidente, para mayor gloria e interés de sus dirigentes, que usan como plataforma personal sus entidades para acudir como tertulianos o que los llamen a “conferenciar” en una mal llamada “Cumbre Internacional del Vino”.

Apariencia.

 

 

 



 
 
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