RDF
Tienda
 Inicio / Opinión / La dignidad
Compartir:

La dignidad

Creo que esto que voy a decir hoy no va a gustar demasiado a nadie. Si, ya se, es más de lo mismo, siempre con la misma letanía, amagando y no dando, instalado en la perpetua amenaza y tal y cual…

Sin embargo, me da la impresión de que hoy va a ser así y, aunque a mi tampoco me gustasen las consecuencias, creo que es momento de empezar a marcar lineas y definir márgenes. Básicamente, se trata de que cada quien se ubique donde considere en función de sus intereses y nivel de dignidad. Y como creo que el tema lo requiere hoy voy a usar con mayor insistencia el refranero, las frases hechas y ciertos recursos de los que no soy especial fan pero que resultan muy útiles para hacer entender al personal lo que uno quiere decir sin tener que extenderse en prolijas explicaciones.

El movimiento se demuestra andando. Artadi ha anunciado su salida como bodega de la DO Rioja. Se trata del primer “dinosaurio” del vino en la principal denominación de origen del país, la abanderada en realidad de este sistema como el mejor para definir la identidad de un vino, que anuncia su salida directa, total e inmediata de un organismo como estos. Ha habido, es cierto, viticultores y elaboradores que a titulo particular han hecho lo mismo, si, pero no facturaban lo que factura la bodega de Laguardia. Y sale, además, con un mensaje claro; “ No es mi modelo”. Sea cierto o no esto último, lo diga su propietario o no de forma sincera o solo para aparentar, la realidad es que se va. Se va y, en mi opinión, marca la diferencia en algo que podrá o no salirle bien a nivel comercial pero que es la primera vez que se da con esta claridad. Y es que, mientras la mayoría habla, despotrica e insulta a las DOs y a sus dirigentes por su nefasta gestión y al organismo en si por su arcaica forma de funcionar, otros simplemente se van. Mientras la mayoría se queja y protesta en petit comite y calla en presencia de los dirigentes (o les sigue la corriente) otros simplemente se marchan. Porque el movimiento, amigos, se demuestra andando.

Quien calla otorga. Recuerdo una conversación con un productor riojano en la que este me manifestaba su profundo malestar por la descalificación de un vino suyo por una supuesta “turbidez” detectada por el comité de cata. El vino estaba perfecto, incluso muy rico, pero en ausencia de un filtrado químico la elaboración del mismo había derivado a un vino algo mas opaco de lo habitual en aquella DO. El autor del vino se expresaba, a voz en grito y se quejaba; “maldita su estampa, ¿turbio?, estos cabrones no han visto un vino así en su vida”. Una semana después el mismo personaje posaba en fotos con tres de los cuatro catadores que habían descalificado su vino y defendía, en declaraciones a un medio local, la “difícil labor” de los comités de cata en las DOs. Lo hacia mientras recibía un premio otorgado por la DO como “el mejor pequeño viticultor en la Rioja Alta”. Meses después, al toparme de nuevo con este productor y referirle la anécdota, este se defendía diciéndome “a ver, yo tengo que comer eh…”



Esta forma de sumisión al “establishment”, justificada en la necesidad de formar parte del sistema para seguir trabajando, es muy habitual. Yo mismo he defendido, en público y en privado, que deben existir unos limites a las posiciones que adoptan ciertas personas en su demanda de mejoras al funcionamiento de, por ejemplo, las Denominaciones de Origen, pero creo que Artadi, ahora, ha hecho saltar por los aires todo esto.

Y si, es una empresa enorme, que factura hasta 3 millones de euros al año, con décadas de prestigio a sus espaldas y que maldita la necesidad que tiene de la DO y su contraetiqueta. Vale. Pero la realidad es que ellos se han ido mientras otros, no pocos, siguen tragando en público, aceptando agasajos y lisonjas en público, sacándose fotos y apretando manos en público mientras, en privado, dejan a caer de un burro al presidente de la DO, a sus técnicos, a sus trabajadores, su estructura y su propia existencia y amenazan, en privado claro, con salirse “ya mismo” de un organismo que ni entienden ni respetan.

Pero no lo hacen. No lo hacen.

Artadi lo ha hecho. La comodidad, seguro, para una bodega como Artadi podía ser, muy probablemente, quedarse. Quedarse, seguir haciendo con ciertas marcas lo que le viniese en gana fuera de DO, seguir quejándose de la DO pero, como los demás, quedándose “en” la DO. Quedarse, seguir vendiendo, seguir trabajando y, en público o en privado, quejarse. Y tragar.

Creo que puedo ir incluso mas allá. Porque el problema no solo son las DOs y, por ello, estaría bien dar un pasito y hablar de que claudicar al “establishment” es mucho mas.
Claudicar y “tragar” es, perdonadme, quejarse por los gurús y sus catas y puntuaciones, pero aplaudir en redes que nos den mas de 90 puntos a nuestros vinos. Claudicar y “tragar” es aceptar que a uno lo pongan de bodega del mes y jactarse de ello en Facebook y Twitter cuando, unas semanas antes, uno se quejaba de como se puntuaban los vinos de los demás. Estar en misa y repicando. Que a uno lo “inviten” (pagando) a un salón de vinos que organiza la misma empresa a la que uno critica es claudicar.
Y no digo que esté mal, digo que, para hacer eso, ¿no será mejor que uno admita que el sistema le gusta tal como está y decirlo abiertamente?. En vez de gastar tanto tiempo en llanto y rechinar de dientes, ¿no será mejor decir “oye, a mi me va genial con esta gente”, y admitirlo en público y en privado?. Incluso cuando la cosa viene mal dada y a uno lo puntúan como el culo, o cuando se salta un par de esos “concursos” pagados porque se cansa uno de enviar muestras y además dejarse los cuartos y ya no hay medallas ni diplomas para sus vinos… ¿por qué no admitirlo?.



Me imagino la reacción de la mayoría si, mañana, un medio publica que un promotor famoso pagó a un periodista durante años por crónicas positivas sobre sus inversiones en zonas de protección natural. El periodista cobraba, conservaba su empleo y escribía que tal o cual promoción inmobiliaria era perfectamente normal a pesar de que, en realidad, carecía de ningún permiso y su construcción era deficiente. La mayoría pondría, como es lógico, el grito en el cielo. Pero no lo ponen cuando “el periodista” es una suerte de conseguidor de medallas o de puntos o de algo parecido y el “promotor” es un bodeguero o viticultor necesitado de cariño. Uno paga y el otro puntúa y anuncia. ¿hay alguna diferencia?.

Hay formas de ser y estar y, aún así, seguir trabajando. Una de ellas, la menos popular, se llama dignidad y, por desgracia, no da de comer en este país de mediocres y trepadores.
Según esa forma de actuar, si a uno no le gusta un sitio se va, si a uno no le gusta que lo califiquen no participa en concursos ni calificaciones (al menos voluntariamente, claro), si a uno no le gusta una empresa no acude a sus saraos. Y estas cosas, además, las hace a sabiendas de que dejara de ganar, o perderá, una sensible cantidad de dinero. A cambio, el que actúa así se vuelve respetable para una porción del publico que considera que el movimiento se demuestra andando, que la valentía y la locura a veces viajan por la misma senda y que lo que no está bien ni tiene justificación alguna, ni siquiera alimentaria, es admitir que algo está muy mal, malísimamente mal, y sin embargo tragar con ello.

Así que, más allá de sus razones, espurias o no, interesadas o no, ciertas u ocultas, lo que ha hecho Artadi es valiente y coherente con años de críticas y quejas. Y seguir en la DO, en esta o en otra, habiendo demostrado, en público o en privado, el mismo nivel de queja y critica es, como poco, cobarde. Y eso no lo digo yo, lo dice Artadi. Lo dice al irse mientras otros se quedan y se sacan fotos, reciben premios o simplemente aceptan, en público, lo que critican en privado.

Si, lo se, “no somos Artadi”. Esta frase será desde ahora el nuevo “hay que comer”. No pasa nada. Lo comprendo.

No tenéis nada de especial. Sois… como todos los demás.

 



 
 
Cámara de comercio
Fondo Europeo de Desarrollo Regional