RDF
Tienda
 Inicio / Opinión / Reinos de Taifas
Compartir:

Reinos de Taifas

Las taifas fueron hasta treinta y nueve pequeños reinos en que se dividió el califato de Córdoba después del derrocamiento del califa Hisham III y la abolición del califato en el año 1031.
Para un buen puñado de historiadores, este periodo marca el fin de la ocupación musulmana, al fomentar la división del califato en pequeños reinos mucho más fáciles de combatir y ocupar de lo que hasta entonces había sido el califato.

La unidad está sobrevalorada. No lo digo por esta referencia concreta porque con reinos de Taifas o sin ellos la reconquista llevó aun 300 años más. Lo digo porque dividir es, demasiadas veces, un paso hacia la victoria.

En España se celebran decenas de ferias del vino. Hablo de eventos más o menos serios con espíritu mercantil o comercial y vinos por en medio. Hay decenas de ellas, con múltiples intereses y medidas, con rangos geográficos diferentes, tipos de vino, tipos de público, etc. Y en un puñado de ellas los vinos verdaderos, los que despiertan relevancia para esta pagina o para alguno de los que conocemos como “enofrikis”, tienen verdadero interés para quien a ellas acude.

Ni el Salón de Gourmets, ni Expotur, ni Alimentaria, ni la Semana Verde, FVAM, Fenavin, EnoMaq, Xantar, FIVE o en el extranjero Prowein, Viniexpo, Madrid Fusión (Manila), Vinitaly, London Wine Fair, Seoul Wine&Spirits… en ninguna de ellas, mastodontes con miles de metros cuadrados donde destaca quien destaca e interesa lo que interesa (para algunos, por ejemplo, ir a hacer turismo), tienen espacio para el placer de conocer, el descubrimiento, el vino con identidad y personalidad. Son lo que son y están para lo que están. Miles de litros, graneles, grandes volúmenes…

La guerra es otra pero en esa trinchera también hay divisiones. Y muchas.



Alimentaria 2016, feria bianual con sede en Barcelona, es uno de los principales mercados mayoristas para la gran distribución. Paralelamente, la Ciudad Condal se convierte en un maremagnum de mini-ferias, eventos de distribuidor, ferias alternativas y toda clase de reuniones de amigos, sin ningún tipo de repercusión, instaladas en la pura irrelevancia y hechas únicamente a mayor gloria del distribuidor de turno, de sus clientes mayoristas y de cuatro amigos del lugar. Y nada más.

Pretender que una forma de entender el vino que puede, en mi opinión, salvar al sector en España de unos años muy duros de ajuste y desaparición de muchas bodegas, sea conocida por el gran público por micro-eventos donde entre media docena y 15 amiguetes intentan llamar la atención sobre su producto es, como poco, infantil. Naif, si habláramos de arte.

La ristra de “ferias” que, aglutinando tendencias o grupúsculos, pretende que el consumidor y la gran distribución (o mejor la especializada y los importadores de alta gama) descubra sus vinos por realizar un evento en Barcelona, una ciudad de 1,6 millones de habitantes y donde en esos dias van a celebrarse unos…¿400? eventos similares es poco realista pero es, también, un claro ejemplo de la realidad del nuevo vino, o del mundo “enofriki” tal y como lo denomina despectivamente la gran industria y sus adláteres.

Hacer vino es un acto de puro egoísmo. Hacerlo bien, digo. Requiere sacrificio personal, de horas, de personalidad y de salud. hay que estar dispuesto a vender, ademas, el fruto de ese esfuerzo de forma personal y eso no se le da bien a todo el mundo. Los mejores viticultores suelen ser también seres humanos algo huraños, distantes y discretos. Personajes más que personas. Y estos, y otros que se han sumado al mundillo con mayor o menor fortuna, han devenido en un modo de funcionar muy alejado al espíritu “Kumbayá” y “Hare Krishna” que se quiere vender, donde todo el mundo es amigo de todo el mundo y a todo el mundo le parece bien todo lo que hacen los demás. Algo no solo irreal sino de todo punto falso y tendencioso: el mundo del vino es un nido de víboras y el “Enofriki” es más falso que un duro de madera.



Hay mucha gente muy buena, como tengo ya dicho, pero hay toneladas de hipocresía y la hora de vender es la que más rebela esta realidad. Ante la posibilidad manifiesta de contar con un gran evento que realmente llamase la atención del gran público, la distribución y los importadores, en Barcelona y al mismo tiempo que se celebraba Alimentaria, un número no pequeño de elaboradores y elaboradoras a los que se pidió contar con su presencia han dicho no. Dijeron que no. Pero no por falta de capacidad, de ganas o de dinero (los precios para ese evento eran, directamente, ridículos para los productores). No. Ellos y ellas dijeron que no para contar con su propio minievento. Dijeron que no a unirse a otros 50 productores y prefirieron esa suerte de reinos de Taifas solo por egoísmo. Lo prefieren unicamente porque, aunque necesitan “sentirse del grupo” la realidad es que se unen para poder pagar un stand comunitario en Fenavin o en alguna otra feria internacional que pide barbaridades por metro cuadrado. La realidad es que, ante la posibilidad de perder autonomía, prefieren quedar en evidencia. O, directamente, prefieren dejar a los demás con el culo al aire.

Ese amor por la irrelevancia no es, ojo, espíritu de lucha, No se trata de un reflejo al caracter individual porque, como digo, si se trata de pagar ahí ya se une uno con quien haga falta. No. Se trata de puro egoísmo. Se trata de querer ser el protagonista de tu propia feria. En ese error vive instalado quien cree que su promoción y la de sus vinos pueden vivir sin la trascendencia de los medios de comunicación o sin un trabajo realista de visibilización en redes sociales. Viven instalados en ese error quienes creen que con su perfil de Facebook están más que cubiertos y quienes lo creen ante quien les dice lo contrario pero al cabo de unos meses corren a hacerse una nueva página web que, ahora si, llama realmente la atención sobre su trabajo y su vino.

Vive instalado en ese error quien cree que su nihilismo es argumento de venta y piensa que Raúl Pérez es quien es porque parece un asceta y va por la vida como va. Olvidan cuando Raúl no tenía problemas en calzarse el neopreno y sumergirse en las frías aguas de la Ría de Arousa para enseñar en La 1 de TVE como sumergía sus botellas de Sketch en el atlántico para que reposaran a 19 metros de profundidad “porque sino el corcho salta”. Hace años ya y dudo que hoy le quepa ese traje al bueno de Raúl, pero las botellas de vinos “frikis” que se venden con este tipo de insertos en televisión son incontables. Y el nivel de difusión de lo que uno diga a partir de ahí crece como la espuma.

¿Alguien cree, sinceramente, que Raúl llegó a eso participando en su propia feria o desde su perfil en Facebook?, ¿alguien cree de verdad que se salta de la irrelevancia a la máxima difusión de hoy para mañana?….¿o sin ayuda?. Habrá quien lo crea, seguro. Hay muchos y muchas que lo creen.

Hay solo una feria realista para el mundo enofriki y se celebra en Tui. Hay, no lo dudo, y tienen todo el derecho del mundo a celebrarse, solo faltaría, innumerables eventos de mayor o menor relevancia a los que acude un sin número de elaboradores de múltiples lugares. pero, seamos serios, no se entera ni Dios. Nadie. No tienen dimensión, carecen de difusión y son, puramente, brindis al sol donde grupos más o menos numerosos intentan a gritos llamar la atención sobre vinos extraordinarios. Pero nadie los escucha. Hacen, como se dice en el sector publicitario, algo que suele hacer mucha gente con grandes ideas o proyectos; guardar el secreto. Y luego, enfadarse con el mundo porque nadie les hace caso.

Son reinos de Taifas en el siglo XXI. Condenados a desaparecer.



 
 
Cámara de comercio
Fondo Europeo de Desarrollo Regional