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Aunque no es lo esencial, el color de un vino puede decirnos mucho sobre su origen e historia

El Color en el Vino

28
Mar
2016

Vayamos al grano. Los vinos tintos pueden ir desde tonalidades rosadas y violáceas hasta ser opacos o casi negros. Todo depende de bastante más que la variedad, el trabajo en la viña o la elaboración, pero ese no es el tema de este artículo así que vamos a centrarnos solo en las características finales del vino.

Los blancos por su parte pueden mostrar desde una palidez casi incolora hasta un intenso color amarillo mientras que los rosados pueden ir desde un ligerísimo tono salmón hasta una tonalidad de un rosa profundo.

Al hacer girar el vino en la copa podemos apreciar tambien el cuerpo y la textura de éste. Al parar de girarlo podremos ver las 'lagrimas' o 'piernas', que no son más que las gotas que resbalan por las paredes interiores de la copa, y que nos indican, por ejemplo, la densidad. Todo ello se debe al alcohol y a otras particulas oleosas que contiene el vino, presentando un elevado contenido en aquellas “lágrimas” que se forman más densas y consistentes.
A priori todo vino debería presentar un aspecto limpio y brillante y, salvo que se trate de alguna elaboración especial, es muy raro encontrar un vino mate, turbio o velado, síntomas que nos pueden anticipar algún tipo de defecto. 

Sin embargo, esto está cambiando a gran velocidad. El abandono de tecnicas enologicas de filtrado más agresivas está llevando a vinos con sedimentos que pueden presentar un aspecto más turbio que el de los estándares del vino industrial.  



El paso del tiempo

Con la edad el color de los vinos blancos se oscurece y pueden llegar a adoptar un tono marrón, lo que nos indica que han entrado en fase de declive perdiendo toda su frutalidad y frescura. Los vinos con mayor acidez natural tienen una vida más larga y pueden conservarse en perfectas condiciones durante años.

En los tintos la decrepitud producida por la edad se manifiesta en una perdida de intensidad cromática, hasta el punto de adoptar una tonalidad amarronada y un ribete de color piel de cebolla que puede incluso llegar a ser transparente.

Los depósitos

Dos son los tipos de depósitos que pueden formarse en el vino, y auque tanto uno como otro son totalmente inofensivos, el efecto visual puede resultar muy antiestético especialmente en aquellas personas no iniciadas en el mundo del vino. Los tartratos son unos cristalitos blancos, totalmente inocuos, formado por ácido tartárico.

El método de elaboración de los blancos en las bodegas hace que en la actualidad sea bastante raro encontrarlos en una botella. En los tintos que han pasado muchos años en botella suelen formarse unos depósitos oscuros, mezcla de taninos y sustancias colorantes, que proporcionan al vino un aspecto turbio y cenagoso, y pueden incluso llegar a conferirle un gusto amargo al vino, por lo que en estos caso se recomienda dejarlos en la botella.

Como explicábamos antes, existe un tercer tipo de depósitos que se producen por el método de elaboración en vinos no sometidos a filtrado, una práctica cada vez más habitual y recomendable.

Otros aspectos del color

En un blanco, la palidez indica que se trata de un vino muy joven, que no ha tardado en ser embotellado y en consecuencia no ha recibido crianza. El menisco en estos vinos suele ser casi incoloro. Si, por el contrario, el vino blanco se somete a crianza sobre lías o en barricas de madera, el color resultante será un amarillo más intenso y un ribete dorado. En algunos casos hay que tener en consideración el tipo de uva empleado, porque existen variedades con menor o mayor carga cromática.



 
 
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